Les propongo que el siguiente escrito sea acompañado de esta pequeña composición musical:
http://www.youtube.com/watch?v=MEDGelkLkxM
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La navidad es una fiesta globalizada en la cual se celebra el aniversario de nacimiento de Jesús, el hijo de Dios. Se suele caracterizar por la entrega de regalos materiales entre quienes se quieren o estiman, una cena de elite con la mejor de las producciones, unos cuantos villancicos y un brindis. Para quienes no creemos que hace más de dos mil años haya nacido un sujeto de un vientre virgen, no es más que una ocasión que con costumbre utilizamos para aprovechar un buen rato en familia, lo cual no es necesariamente malo, ni nos transforma en pequeños Grinchs.
La noche de ayer fue precisamente la conocida como “Noche Buena”, que por lo menos en mi caso estuvo marcada por un agradable intercambio de presentes, unos cuantos mensajes de texto deseando felicidad y una cena de envidia. Sí, fue una noche buena, salvo por uno que otro percance. Particularmente el olvido de mi madre de llevar unos cuantos regalos al lugar de encuentro, y más lamentable aún, el robo de la rueda de repuesto de la camioneta de mi tío. Apunto a que es más lamentable aún por el simple valor económico, mas hoy doy cuenta que pudo ser peor. En fin, pareciera que incluso hay quienes en navidad no dejan de trabajar.
Ayer todo fue exquisito, y destaco mi paseo hacia la casa que -como norma general- todas las navidades es iluminada en demasía. No bromeo cuando escribo que incluso canales de televisión hacían nota de ella, pues no había más de cinco centímetros de distancia entre parte de algún objeto decorativo, y el próximo. Recuerdo a cuatro renos en su tejado, luces por cuanto podía haber, unos veinte niños asomados a la reja y por lo menos doscientos gordos de traje rojo. Más interesante todavía es que la dueña de casa haya fallecido hace unos pocos meses atrás, y en la entrada de su morada figurara su imagen, junto a un deseo navideño enviado desde el cielo. Al parecer hay quienes se toman sus costumbres en serio.
La noche de navidad fue agradable, es cierto, pero si miramos el calendario veremos rápidamente que se aproxima una de índole incluso más festiva. Estamos a pocos días de que se acabe el presente año, y comience el próximo. Este año -tanto como los que he vivido antes- tuvo pequeños momentos para el olvido, y grandes experiencias para el recuerdo. Destaco el haber compartido con amistades que no nacieron hace mucho, pero que poco a poco se vuelven importantes en el diario vivir, y por otro lado, el enterarse que todavía queda gente buena en este mundo tan contaminado. No, no estoy seguro de ser uno de ellos.
No termino de entender por qué nosotros somos siempre quienes debemos darle la bienvenida al nuevo año, y nunca al revés. De alguna manera, como colectivo social agradecemos estar vivos un año más, y darnos el fraternal abrazo de las 00.00 hrs. nos hace grandes, mientras pretendemos olvidar los malos momentos del pasado. Personalmente prefiero no olvidar, sino recordar y aprender de ellos. Me da la impresión que eso nos hace incluso más grandes que un simple abrazo y dos palmadas en nuestras espaldas.
Se terminan los días en el calendario que sostiene la pared, y es algo que todos debemos enfrentar. Esperemos que en los días que pronto llegarán el amor, la salud, y por qué no el dinero nos jueguen una buena pasada a todos, y nos hagan un poco más felices. Digamos que a veces se hace evidente su ausencia.
Me despido de quienes leen estas humildes palabras con un fraterno saludo, esperando que la noche de anoche haya sido memorable, y deseándoles desde ya una celebración para el recuerdo el próximo fin de semana. Considerando que la vida podría no ser más que una pila de rocas sobre un mar de todo y nada, los invito a seguir construyendo camino.
Hasta un próximo año.












