abril 26, 2012

Negocio Mortal

Juan no perdona ni olvida. Juan sufre, y día a día realiza el sagrado ritual que le ayuda a disfrazar de alivio su dolor. Tomar el troncal 505 a las 5.30 am no le significa un gran sacrificio, considerando que no tiene quien lo extrañe entre sábanas, y su piel ha desarrollado un grueso aislante térmico para sobrellevar los crudos días de invierno. Saludar al chofer involucra demasiada interacción entre dos entes de costumbres, por lo que escuchar el agudo “Bip” del validador, y ver el bulbo iluminarse de un verde cannábico es suficiente para ambos. Avanzar para tomar asiento comprende un gasto de energía que alguien en su situación, no está dispuesto a realizar.

Sin combinación ni demora, Juan llega al quiosco que ha heredado de su padre, y en donde a través de la venta de periódicos, dulces y revistas genera el fondo diario destinado a la compra de genéricos de paracetamol e ibuprofeno, sus únicos íconos de bienestar temporal. En la farmacia lo conocen como el caballero que no sonríe, aludiendo a las ya clásicas compras automatizadas, entre las cuales jamás le han preguntado su nombre.

Juan tiene úlceras, y las drogas le acortan la vida tal como lo hicieron con Sofía, su esposa que desde hace ya buen tiempo no lo acompaña, y a quien todavía llora. Es una lástima que la ciudad sólo le financie el mortal proceso, y nunca nadie le pregunte cómo se encuentra.

Hasta una próxima lectura.