diciembre 25, 2011

De Navidad y Nuevo Año

Les propongo que el siguiente escrito sea acompañado de esta pequeña composición musical: 
http://www.youtube.com/watch?v=MEDGelkLkxM

La navidad es una fiesta globalizada en la cual se celebra el aniversario de nacimiento de Jesús, el hijo de Dios. Se suele caracterizar por la entrega de regalos materiales entre quienes se quieren o estiman, una cena de elite con la mejor de las producciones, unos cuantos villancicos y un brindis. Para quienes no creemos que hace más de dos mil años haya nacido un sujeto de un vientre virgen, no es más que una ocasión que con costumbre utilizamos para aprovechar un buen rato en familia, lo cual no es necesariamente malo, ni nos transforma en pequeños Grinchs.

La noche de ayer fue precisamente la conocida como “Noche Buena”, que por lo menos en mi caso estuvo marcada por un agradable intercambio de presentes, unos cuantos mensajes de texto deseando felicidad y una cena de envidia. Sí, fue una noche buena, salvo por uno que otro percance. Particularmente el olvido de mi madre de llevar unos cuantos regalos al lugar de encuentro, y más lamentable aún, el robo de la rueda de repuesto de la camioneta de mi tío. Apunto a que es más lamentable aún por el simple valor económico, mas hoy doy cuenta que pudo ser peor. En fin, pareciera que incluso hay quienes en navidad no dejan de trabajar.

Ayer todo fue exquisito, y destaco mi paseo hacia la casa que -como norma general- todas las navidades es iluminada en demasía. No bromeo cuando escribo que incluso canales de televisión hacían nota de ella, pues no había más de cinco centímetros de distancia entre parte de algún objeto decorativo, y el próximo. Recuerdo a cuatro renos en su tejado, luces por cuanto podía haber, unos veinte niños asomados a la reja y por lo menos doscientos gordos de traje rojo. Más interesante todavía es que la dueña de casa haya fallecido hace unos pocos meses atrás, y en la entrada de su morada figurara su imagen, junto a un deseo navideño enviado desde el cielo. Al parecer hay quienes se toman sus costumbres en serio.

La noche de navidad fue agradable, es cierto, pero si miramos el calendario veremos rápidamente que se aproxima una de índole incluso más festiva. Estamos a pocos días de que se acabe el presente año, y comience el próximo. Este año -tanto como los que he vivido antes- tuvo pequeños momentos para el olvido, y grandes experiencias para el recuerdo. Destaco el haber compartido con amistades que no nacieron hace mucho, pero que poco a poco se vuelven importantes en el diario vivir, y por otro lado, el enterarse que todavía queda gente buena en este mundo tan contaminado. No, no estoy seguro de ser uno de ellos.

No termino de entender por qué nosotros somos siempre quienes debemos darle la bienvenida al nuevo año, y nunca al revés. De alguna manera, como colectivo social agradecemos estar vivos un año más, y darnos el fraternal abrazo de las 00.00 hrs. nos hace grandes, mientras pretendemos olvidar los malos momentos del pasado. Personalmente prefiero no olvidar, sino recordar y aprender de ellos. Me da la impresión que eso nos hace incluso más grandes que un simple abrazo y dos palmadas en nuestras espaldas.

Se terminan los días en el calendario que sostiene la pared, y es algo que todos debemos enfrentar. Esperemos que en los días que pronto llegarán el amor, la salud, y por qué no el dinero nos jueguen una buena pasada a todos, y nos hagan un poco más felices. Digamos que a veces se hace evidente su ausencia.

Me despido de quienes leen estas humildes palabras con un fraterno saludo, esperando que  la noche de anoche haya sido memorable, y deseándoles desde ya una celebración para el recuerdo el próximo fin de semana. Considerando que la vida podría no ser más que una pila de rocas sobre un mar de todo y nada, los invito a seguir construyendo camino.

Hasta un próximo año.




diciembre 12, 2011

Ciclo y Sentir

Un encuentro, dos personas, tres palabras. Una sonrisa, dos chistes y la cotidianeidad a la que estamos acostumbrados. El intercambio cómplice de miradas se hace ineludible, y la última calibración hecha al corazón indica el norte apasionado, cual brújula del sentir.

Un día por dedicar, dos grandes temas de los cuales conversar y tres horas de placentera conexión. Me escoges, y frente a la congoja y la melancolía soy el soporte que siempre quisiste tener. Soy feliz siéndolo, pues es tu felicidad la que está en juego.

Un nombre concreto, dos años ya y tres situaciones que por poco nos separan. No ha sido fácil, pero no puedo sólo voltear frente a quien conoce mejor mis secretos, anhelos y experiencias. Mis labios siguen besando los tuyos, y por costumbre a ratos amaneces junto a mí.

Un ente, dos unidades conformándolo y tres mentiras que nos desgastan. Mi felicidad, la tuya y la que vendrá no terminan de entender cuándo y cómo terminó todo. Hemos dejado atrás las promesas, el compromiso y la exclusividad. No eres más mía que suya, y me duele que no me duela.

Un quiebre, dos alivios y tres lecciones. Volver al ciclo de la trivialidad me hace grande, pues la experiencia no es algo que se compre en grandes almacenes, y de ella hoy tengo demasiada.  Presumir, claro, de afable prospecto será no más que un embuste, pues habito en él una vez más por efectos de marrada continuidad, y evidentes dudas. Ni modo, a seguir viviendo.

Hasta una próxima lectura.


diciembre 08, 2011

Debes Saber

Debes saber que te condeno. Te condeno porque esto no ha funcionado como ambos en su momento esperamos, o por lo menos como yo esperé. Yo esperé que cumplieras tus promesas, y me acongoja el no saber si tus palabras alguna vez pertenecieron al mundo de lo sincero, y ciertamente tus acciones no demostraron que así fuese, y por eso te condeno. Te condeno a que me condenes, e impongas tu deseo de convertirme en un hombre soltero una vez más, tal como he estado hasta este preciso momento, porque incluso después de lo que vivimos, esto que para mí fue trono y trino, pareciera que para ti no ha sido más que burdos abrazos, tres regalos y un beso. Un beso, clásica tortura propia de los tiempos modernos.

Debes saber que espero que no te enteres que espero que me esperes, porque hoy, más viejo y más cansado reconsidero cuanto puedo, y me arrepiento de no haberme arrepentido antes de aquel ayer. Aquel ayer es hoy sólo un recuerdo, y lo valoro de buena gana compartiendo cuando puedo las experiencias que tan felices nos hicieron. Nos hicieron creer que éramos el uno para el otro, siendo la realidad que aquel otro, era otro. Era otro quien te creía todo, y si hoy en algo creo, es particularmente en que puedes creerme que ya no te creo nada.

¿Recuerdas que alguna vez conversamos sobre qué sucedería si decidiéramos terminar con esto, aquello y todo? ¿Recuerdas que no entendías por qué te dije que desde ese momento cada vez que crucemos miradas, deberíamos sonreír tímidamente y de improviso mirar en otra dirección? Sucede que después de lo vivido mis ojos no pueden ya clavarse en los tuyos, y son éstos también los que están lejos de buscar los míos. Llegó nuestro momento. Me lamento al confesarlo, pero llegó nuestro momento de darnos cuenta que nos idealizamos mutuamente, y que nunca estuvo contemplado un escenario donde fuésemos nosotros los protagonistas.

Debes saber que desde hoy caminaré solo, y en adelante honraré tu nombre por cuanto me has hecho crecer. Crecer, por último, es declararme vivo en estas líneas, que bien podrían no trascender en la vida de nadie, salvo en la de quien las escribe. Dicen, nada que el diazepam no olvide.

Hasta una próxima lectura.