Este cabro tiene el don de la palabra. Así de simple. ¡Las hace todas!
Pocos serán los que podrán decir que no tienen idea de qué se trata el enunciado anterior, y es que para casi todos nosotros es común escuchar que alguien “tiene el don de la palabra”, pero me pregunto perplejo, ¿sabemos realmente a qué se refiere aquella frase?
Para los entendidos en el tema, una palabra es cada uno de los segmentos limitados por pausas o espacios en la cadena hablada o escrita, que puede aparecer en otras posiciones, y que está dotado de una función. En la práctica, para el cabro que la usa es mucho más que eso. Es su mejor arma, su mayor defensa y su más destacada estrategia. Tanto así, que vale la pena adentrarnos en el interrogante que nos invita a cuestionarnos por qué tiene ese efecto, si tan sólo son letras creando un sentido.
Los efectos que tienen las palabras en cada uno de nosotros los hemos vivido por experiencia propia, y sólo a modo de resumen pretendo reducirlos a simples ejemplos. ¿A quién una sola palabra no lo ha dejado pensando durante días? La palabra vende, la palabra atrae, la palabra seduce. Seduce incluso a sabiendas que aquellas palabras pueden no ser más que mentiras. Es común también que las palabras lastimen, duelan en lo profundo. Por lo anterior, es claro que podrán alegrarnos de sobremanera y llenarnos de júbilo, como tantas podrán deprimirnos en la eventualidad.
La palabra que no se dijo también es importante, siempre y cuando no deje de evidenciarse en la kinesis. Los ojos hablan con palabras propias que sólo otros ojos pueden entender, mientras una sonrisa puede decir más que el más extenso de los discursos. El mundo de lo paraverbal se acopla por su parte a la intención de las palabras, a la búsqueda misma del fin perseguido. Es este conjunto de factores quien condiciona el éxito tras la conversación, y determina si el cabro la hace, o no.
Nos sostenemos en las promesas, que no son más que palabras unidas a la voluntad de cumplirlas. Una acción puede decir mucho, pero en lo concreto, ¿cuánto dice una palabra? Sabremos todos que la unión palabra-voluntad no siempre es tan fuerte como desearíamos, y es ahí cuando éstas quedan reducidas a flotar en el ingrávido espacio de lo inconcluso. ¡Qué tontos somos por creer en las palabras!
El mundo en el cual nos desenvolvemos día a día -donde existen los hombres exitosos, acaudalados y llenos de mujeres atractivas- nos invita a soñar. Nos invita a buscar la utopía, y ser con ella todo lo que siempre quisimos ser. Nos invita a conversar, a decir las palabras de alguien más y convertirnos en los más exitosos charlatanes. Sucede que incluso sin quererlo, de tanto decir y poco actuar podremos estar dañando a quienes más queremos. Sucede que la palabra crea mundos fantásticos, y está en cada uno de nosotros la decisión de aferrarnos a ellos. Sucede que de las palabras podemos esperar mucho, pero después de todo nunca serán más que eso, palabras, sólo palabras.
Hasta una próxima lectura.

