Caía la tarde, y no nos habíamos movido ni un centímetro de aquella cuna que albergaba nuestros cuerpos nerviosos. La seguía mirando fijamente a los ojos, y ella, inquieta como hasta ese entonces no la había visto, desviaba su tímida mirada en cualquier otra dirección. Nos encontrábamos rodeados de desconocidos que con apuro tramitaban sus vidas, hecho casi imperceptible para nuestros sentidos embriagados de brío. Nunca antes me había encontrado en una situación de tan suculento sentir, sin embargo sabía que aquel era el momento que había estado esperando de buen tiempo a esa parte. Sabía que aquel era el momento de vivir.
Un café había sido la excusa para encontrarnos, y ya consumido no había pretexto válido que nos obligara a disfrutar de la mutua compañía, salvo por aquella extraña sensación compartida que invadía nuestro interior como una llama que irrumpe en todo lo sano e inflamable. Jóvenes, sí, inmaduros, tal vez, pero bien sabíamos que lo que sentía el uno por el otro era real. Insólitamente real.
Ella sabía a ciencia cierta a qué estaba a punto de enfrentarse, y aunque sus labios tímidos me invitaban a jugar con ellos, sus palabras reflejaron un mundo diferente.
- No estoy segura. No nos conocemos lo suficiente, y sabes bien por lo que he pasado -me dijo con una risa nerviosa, y aludiendo a su última relación fallida-.
Durante mi infancia -y gracias a las telenovelas- siempre pensé que cualquier palabra fuera de lugar podría arruinar un momento como este, despertando sus ganas de postergar el inicio de lo que sería nuestro idilio. Siendo protagonista de la versión contemporánea, advierto que el puro hecho de decir palabra alguna podría hacerlo, y opté por callar. Estaba seguro de que mis ojos le estaban diciendo todo lo que ella necesitaba saber.
Con pequeñas pausas y cierta vacilación puse mi mano en la suya, y me acerqué lentamente a esos labios que tanto prometían. Temí -como tantos hacen- que desviara su rostro dejándome en ascuas, pero si bien titubeó un poco, un par de segundos bastaron para que cerrara sus ojos y se dejase convencer, cayendo en lo que sería una experiencia de infinita, sincera y mutua felicidad. Había confirmado la existencia de Dios.
No existen palabras para describir lo que sentí. Todas quedarían en deuda, y ninguna reflejaría de manera fidedigna aquella magna sensación. Estaba embobado, pero consciente. Dichoso, pero intranquilo. Satisfecho, pero temeroso. Hubiese dado lo que mi vida fue hasta ese entonces para prolongar aquel momento, aunque bien sé que todo comienzo, tarde o temprano tiene su fin.
Nos separamos lentamente, y seguíamos sin escuchar el presuroso caminar de las personas a nuestro alrededor. Vivíamos nuestra burbuja, y nada ni nadie podía sacarnos de ahí. Nos miramos una vez más, en completo silencio. Esta vez no desvió su mirada, y noté que sus labios entreabiertos me proponían una segunda vuelta. La tomé.
Al día de hoy, cuarenta y ocho veranos más tarde, recuerdo aquel momento como si no hubiesen pasado más que un par de horas. Tal no podría ser mi precisión si no fuera porque me acompañan a diario los mismos besos que descubrí esa tarde. Tan sólo ha quedado atrás aquella lozanía digna y propia de toda juventud, pero lo entiendo y lo acepto como proceso normal dentro de lo que nosotros conocemos como vida. Entiendo y acepto que lo malo de lo bueno, es que dura muy poco.
Hasta una próxima lectura.

:3 bastante bonito.. ojala eso nos pasara a todos después de tanto tiempo... y ese ser tan especial que nos hace sentir en el paraíso nos acompañe por lo que nos queda de vida :)
ResponderEliminarEstaba tan entusiasmada leyendo ( junto a mi taza de té) que no tenía ganas de que terminara jajaja!. Hermosa historia ! de verdad... supongo que todos esperamos que nuestras vidas tengan un amor así, que perdure a pesar de los años.. un amor que no olvide.
ResponderEliminarSaludos Pancho (:
Es una hermosa historia, muchos quisiéramos creer que un amor de juventud fuese capaz de perdurar en el tiempo. Creo que deja el mensaje de arriesgarse a sentir, porque si no te arriesgas, jamás sabrás qué sigue.
ResponderEliminarSaludos Panchito, ahora te marcaré como favorito en internet ;), nos vemos.
@Paula ¡Me alegra que me lo digas! El lograr meter al lector en la historia, e interesarlo en el desarrollo y desenlace tal como tú dices haberlo hecho es todo lo que podría pedir tras la publicación. Muchas gracias (:
ResponderEliminar@Ale @Carolina Qué bueno que les haya gustado. Debo reconocer que tiene una cuota importante de realidad también, y me basé en propias experiencias de vida, pero eso no quiere decir que todos vayamos a tener un "final feliz" como el del relato. Debemos luchar para lograrlo. ¡Un beso!
Por cierto, Caro, te invito a leer los escritos publicados anteriormente, y dar tu opinión al respecto tal como lo hiciste con este.
Me encantó, tanto la historia como el estilo, me pude imaginar esa situación a la perfección :)
ResponderEliminarYa me leí casi todo lo que has publicado porque no podia parar de leer jaja asiq te vuelvo a felicitar
Atte, Nombre Compuesto
¡Muchísimas gracias! Me alegra saber que el mensaje se ha transmitido de buena manera. Por cierto, este espacio tiene poco más de un mes, por lo que tantos escritos todavía no he publicado, pero pretendo que siga creciendo, y para eso es fundamental saber que cuento con la lectura fiel de algunos seguidores. Me halaga que te unas, y por sobre todo, que sean de tu agrado. Gracias una vez más por tus palabras.
ResponderEliminarUn abrazo, Nombre Compuesto (:
Como lo prometido es deuda...
ResponderEliminarMe encantó *O* estaba TAN concentrada leyendo la historia, la verdad quería seguir leyendo... de hecho hasta pude imaginar mientras leía! :B
Me encantaría encontrar alguna vez un amor así, "para toda la vida"... creo que la mayoría anhela hacerlo.
saludos =)
Qué tremenda sensación me causa el saber que te gustó, y lograste -al igual que Nombre Compuesto- imaginarte en la situación descrita sin mayor problema.
ResponderEliminarMuchas gracias Patty, comentarios como el tuyo me motivan a seguir publicando. ¡Un abrazo grande!
esta muy linda la historia en verdad y cierta todo lo bueno dura poco ! todo un escritor pancho qien lo diría ! :B
ResponderEliminarPensar que puedes darle un sentido totalemte distinto a la historia...
ResponderEliminar" lo malo de lo bueno, es que dura poco"... Me da vueltas, pero con mi propio significado...
@Lisette ¡Gracias por el tiempo dedicado y tus palabras! Ahora, con respecto a la apreciación ... Es cierto que la lozanía y juventud descrita se acabaron con el paso del tiempo, mas 'los besos que me acompañan a diario' claramente apuntan a ser 'lo mejor' del relato, y ellos no se han acabado. Un abrazo :)
ResponderEliminar@Javiera La interpretación del relato es fruto de un trabajo personal, bien formado por experiencias, tanto como por creencias. Sin embargo, y tal como le respondí a Lisette, pareciera ser 'lo mejor' del escrito lo único que no se ha perdido: Aquel beso que marcó a quien relata. Un beso, mujer :)