octubre 12, 2011

Compromiso

Por fin estaba en casa, después de otro arduo día de trabajo. Saludé a mi señora como era costumbre, y subí las escaleras lentamente, con el firme y único propósito de arrancarme el uniforme, vestimentas que me dotan de un poderío singular. Me sentía particularmente cansado, lo que se condecía con las horas extras que hacía ya unos cuantos meses venía realizando en la industria. Al parecer Recursos Humanos no era tan hábil al momento de contratar personal, hecho que repercutía directamente en mis horas de sueño y provecho familiar. Sólo alcancé a sacarme la corbata cuando escuché la voz de mi hijo en el comedor, invitándome efusivamente a compartir con él. No lo dude un momento, y me dispuse a bajar las escaleras de manera presurosa. Recuerdo haber sentido un dolor punzante en el pecho, una angina opresiva que detuvo mi respiración por unos segundos. Desde ese momento entendí que debía tomarme la vida con más calma, y me prometí a mí mismo dejar de lado el compromiso adquirido con mis jefes, para no volver a postergar la cita que desde hacía buen tiempo tenía pendiente con el médico.

Cuando llegué abajo sentí mareos que me preocuparon un poco, y mientras cerraba los ojos, pedí a viva voz algún medicamento que los aliviara. No hubo respuesta alguna, lo que me hizo gritarlo más fuerte. Una vez más vivía un silencio sepulcral, hecho que me motivó a ir a buscarlas yo mismo. Camino al anaquel que yace bajo el lavabo -lugar donde guardamos el botiquín- advertí que mi hijo no estaba en el comedor, y que mi señora había dejado la cocina. Los mareos pudieron más, y fui en busca de la milagrosa cápsula sin mayores interrogantes.

-         Podría jurar que cuando llegué, la mesa estaba ordenada para cenar -pensé mientras miraba fijamente una mesa vacía, que ni siquiera era la que había comprado años atrás, ocupando su lugar en el comedor-

En ese instante recordé que la gorda -adjetivo que cariñosamente comparto con mi señora- me había dicho que tenía planes de comprar una mesa nueva. Curioso que no me haya comentado que ya lo había hecho, y más extraño todavía fue que no me hubiese dado cuenta apenas arribé. Supongo que el trabajo me ha vuelto un tanto distraído.

Me apresté a buscar a Daniel, mi más grande orgullo. Siempre ha sido el primero de su clase, e irradia una alegría de envidia, razones suficientes para felicitarlo día a día. El problema fue que aquella intención se vio mermada por el simple hecho de no poder encontrarlo. No entendía cómo esto era posible, si hace no más de tres minutos había escuchado su voz. ¡Sí, estoy muy seguro que era su voz!

Me instalé en mi sillón favorito, y esperé. Esperé durante largas horas a que mi familia entrara por la puerta principal y me aclarara qué estaba sucediendo, o si eran acaso estos mareos -o tal vez el medicamento- lo que me hacía no entender los hechos que me circundaban. Imagino que habrán pasado unas dos o tres horas, aunque la verdad no recuerdo haber utilizado aquel tiempo pensando en algo. Fue extraño, pero mi mente se mantuvo en blanco mientras mis ojos fijaban su atención en la manilla de la puerta.

Cuando la puerta finalmente se abrió, vislumbré algo que no hubiese deseado. Mi señora en largas ropas negras lloraba una fotografía mía, mientras que Daniel -también en oscuros ropajes- intentaba contenerla, con evidente congoja. Me puse de pie de súbito, e intenté correr hacia ellos, mas mi sorpresa fue mayor cuando noté que mis piernas se habían convertido en grandes entes inmóviles. Me sentí clavado al suelo, y mis más grandes esfuerzos pertenecían al mundo de lo inútil. Les grité desesperado, mientras un sentimiento de ingobernabilidad recorría mi cuerpo enajenado. Comencé a llorar mientras sentía mis fuerzas agotarse lentamente. Todo había sido en vano, no escucharon una sola palabra.
  
-         Mamá, tienes que dejarlo ir -decía Daniel absorto en el agobio-. ¡Al papá no le hubiese gustado verte así! Además ya pasaron un par de años… es momento de que sigamos con nuestras vidas.

En aquel instante observé el más reconfortante de los abrazos, mientras ella se secaba las lágrimas con el pañuelo que le había regalado para nuestro último aniversario, para más tarde disponerse a subir las escaleras, y desaparecer entre las sombras. Lo intenté una vez más, pero de mi boca no salió sonido alguno.

Estaba pasmado, y de improviso sentí un frío abisal invadiendo mi cuerpo férreo. No lograba entender si acaso todo se trataba de un montaje, una ilusión o un mal sueño. No lograba entender en qué momento había dejado de formar parte de la realidad que durante cuarenta y cuatro años me cobijó. No lograba entender que había sucedido en la escalera, horas antes. Fue entonces cuando sentí una vez más el dolor punzante y opresivo, esta vez quemándome desde mi pecho hacia los alrededores. Me sentí desvanecer, y dejé el cuerpo con el que me identifiqué durante largos años.

Al día de hoy me pregunto dónde estuve mientras no era de aquí, ni de allá. Incluso he llegado a pensar que me encontraba cumpliendo las horas extras prometidas. Después de todo, un compromiso es un compromiso.

Hasta una próxima lectura


11 comentarios:

  1. Fuerte, me dio casi como escalofríos. Te hace pensar cuánto hay que valorar la vida, el día a día y compartir más tiempo con quienes quieres.
    Excelente, aunque no esperaba menos de un chico con un nombre tan poco común. jajaja
    Saludos, y te vuelvo a felicitar.

    Atte,
    Nombre Compuesto

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  2. Exactamente, captaste el mensaje a la perfección. Sucede que día a día nos desenvolvemos en un mundo donde se le da tanta importancia a lo trivial -como en este caso, el trabajo-, que sentí necesario reflejar en un relato una pérdida con claras afecciones afectivas, para dejar de manifiesto que es momento de preocuparnos de lo que realmente importa, que es pasar tiempo de real calidad con nuestros seres queridos.

    Gracias por el halago, Nombre Compuesto.
    Los mejores deseos :)

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  3. buenisimo panchito! me agradó bastante :)
    espero jamás pasar por algo así, pero nunca se sabrá :/
    vas muy bien en las publicaciones. Felicitaciones

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  4. O: que terrible esa muerte!! espero que no sea así en realidad, me muero por segunda vez si me percato de una forma tan terrible que ya no pertenezco al mundo material. Me gustó demasiado el relato! deja un gran mensaje para muchas personas que llevan ese estilo de vida, y para todos en realidad.

    Te felicito Pancho! (=

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  5. @Ale ¡Muchas gracias! Y no te preocupes, que no creo que algo así llegue a suceder, jajaja :)

    @Paula Jajaja me dio risa el "me muero por segunda vez", pero entiendo la inquietud .. Es claro que a nadie le gustaría pasar por eso. Por suerte sólo se trata de un relato, ¿no?

    Gracias, mujer :)
    ¡Un abrazo!

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  6. Me mantuviste atenta durante todo el relato!D: ... que fuerte es cambiar las prioridades y dejar de ver lo importante en las cosas simples y absolutamente verdaderas. Demasiado bueno y fuerte O.o a disfrutar mas de la vida y de las personas que amamos =)
    Te leeré mas seguido xD

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  7. ¡Marce! Qué gusto tenerte por estos lados, me alegra que te hayas animado a leer mis escritos :) ... Y por cierto, tienes mucha razón cuando dices que este es el momento de disfrutar de la vida y de las personas que amamos. ¿Si no es ahora, cuándo?

    Siéntete libre de leer también los escritos publicados con anterioridad, tal vez podría alguno captar tu atención :D
    ¡Un abrazo!

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  8. Te pasasteee. Te juro que es demasiado fuerte, siento que post-lectura veo la vida diferente, siento como que quisiera abrazar a mis amigos,a mi familia .... no sé. La vida cambia de un día para otro sin que nos demos cuenta, y yo no quiero que se me vaya asi sin más...

    buenisimo panchito :D

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  9. Yo creo que a nadie le gustaría que se le fuera la vida sin más, y dejando en evidencia que precisamente eso es lo que menos ha dejado. Intentemos dejar una huella, un registro de nuestro paso por esta vida .. en la vida de alguien más. Gracias por tus palabras Ruth :)

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  10. Me hizo pensar que no siempre valoro mi día a día. Que incluso sin darme cuenta llego a nublar lindos momentos con la gente que quiero con cosas sin importancia.

    Quedé con un sentimiento raro xD pero me gustó =)

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  11. ¿Un sentimiento raro? Jajaja sería bueno comentarlo en profundidad. Me alegra que te haya gustado, Patty. Un abrazo :)

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