octubre 17, 2011

Amor de Campo (Parte I)

Trabajo la tierra desde que tengo uso de razón, y lo digo con orgullo. Fue mi padre quien me enseñó a hacerlo, y a él el suyo cuando los coches eran privilegio de pocos. A viva voz declaro que este trabajo me ha significado un sacrificio continuo durante toda mi vida, y que constantemente me he visto involucrado en la realización de grandes proyectos agrícolas. Como mano de obra, es cierto, pero involucrado después de todo. En más de una ocasión me he preguntado si acaso a eso vine a este mundo, si este es efectivamente el destino que desde un inicio estuvo escrito para mí. ¿Soy sólo un enviado agrario más, condenado como tantos al trabajo duro? Aunque la respuesta fuese , no podría negar que este camino –que por voluntad no escogí- me ha traído por sobre todo grandes e inolvidables alegrías.

Cuando tenía once años, el dueño de las tierras que trabajaba era Don Leonardo, quien las había heredado de su padre, un magnate español como hubo tantos. De niño siempre se me fue dicho que a Don Leonardo había que tratarlo como la máxima autoridad, y merecía todos los respetos y honores que le pudiéramos otorgar, al igual que todos los integrantes de su familia. Entre ellos destacaba la señora Beatriz, su hermosa esposa. Ella siempre fue amable con mi padre, y por supuesto conmigo, lo que me hacía respetarla no más por  obligación, que por lealtad. Durante un verano, su hija Elisa le habría manifestado su sensación de soledad, e intención de tener  amigos con quien jugar en el fundo de su padre, razón suficiente para que la señora Beatriz me comprara ropajes nuevos y elegantes, y decidiera que -ya que teníamos la misma edad- nos dispusiéramos a pasar un buen rato juntos. Después de todo, los trabajos a los que me sometían a diario no eran de gran exigencia física, y sería sólo durante el verano, ya que Elisa volvería a la capital una vez terminada la temporada.

En nuestro primer encuentro, se nos dijo a Elisa y a mí expresamente lo importante que era que Don Leonardo jamás se enterara de lo que estábamos haciendo, porque nuestras clases sociales hacían fama de no ser compatibles bajo ninguna circunstancia, y sería un escándalo mayúsculo que la hija del patrón fuera vista como amiga del hijo de uno de sus obreros. Juramos guardar el secreto, y le agradecimos a la señora Beatriz la posibilidad de disfrutar las tardes con alguien con la misma cantidad de primaveras en el cuerpo.

Sucedió de igual forma al año siguiente, y se repitió este nuevo formato de verano durante los dos años que le sucedieron. Para nosotros ya se trataba de la nueva costumbre, y en más de una ocasión nos dijimos cuánto ansiábamos que llegara el próximo verano, durante esos crudos días de invierno. Nos llevábamos tan bien, que hasta comencé a pensar que podríamos gustarnos.

El día que yo cumplí quince años coincidió con la visita de rigor de Elisa al campo donde laburaba, pero en aquella oportunidad el encuentro fue diferente. Después del novelero y esperado abrazo de primer día de verano, me propuso que nos encontráramos a orillas del río cuando cayera la tarde, para hacerme entrega de un regalo especial. Pretendía aprovechar que sus padres se encontrarían festejando la victoria de su candidato en las elecciones presidenciales, lo que reduciría el riesgo del fortuito encuentro. No lo pensé demasiado, me aseé cuanto pude, y con mis mejoras ropas emprendí el viaje.

El río estaba a no más de treinta minutos de marcha lenta, y advertí al llegar a él una pequeña carpa armada, con velas encendidas a su alrededor. Salió de ella Elisa, que a sus prontos quince años poseía un cuerpo exuberante, una sonrisa picarona y una mirada de aquellas que te dejan sin habla.

-          Feliz cumpleaños -me dijo mientras se deshacía de su bata de seda, su único ropaje-

Al dejar en evidencia sus traviesas intenciones, me prometí a mí mismo comportarme a la altura que requería el caso, y sin entrar en ruborosos detalles, confieso que aquella noche ambos nos dejamos llevar por nuestros anhelos, deleites y hormonas. Fue una noche simplemente espectacular, a la que dimos término acampando en el mismo sitio, a orillas del río que había visto consumarse nuestro amor.

Aquellos fogosos encuentros perpetuaron durante su estadía de aquel verano, aunque bien recuerdo que cada vez se nos hacía más difícil escondernos de nuestras respectivas familias. La señora Beatriz, de hecho, le preguntó en una oportunidad a Elisa si nos seguíamos viendo, situación que ella negó en lo inmediato. Por suerte y perspicacia seguíamos pasando desapercibidos. Hubiese sido el verano perfecto, salvo por el súbito y  trágico deceso que significó la muerte de mi padre, producto de una infección renal cuyo tratamiento llegó tarde.

Una vez más llegó el último día del verano, y con Elisa prometimos seguir amándonos cuanto pudiésemos, antes de que ella volviera a respirar aire capitalino. Desde su partida trabajé la tierra con más ánimo, tanto por la ansiedad de volver a verla, como por honor a las lecciones de mi padre. Fue un año de mucho trabajo, esfuerzos y largas esperas, y nada habría de cambiar hasta mi cumpleaños número dieciséis, con su aparición. Llegó el día, y  la esperé afuera de su casa, mas sólo tras el primer mes transcurrido comprendí que no aparecería. La justifiqué con compromisos particulares, pero la situación se repitió al año siguiente, y a los tres que le sucedieron. No entendía qué había pasado, pero aunque habían pasado ya varios años,  yo la seguía esperando con los mismos afanes y apetencia que el primer día que dictaminó su ausencia.

Fue así, hasta que un día finalmente se dejó caer por el fundo (…)

Continuará.

5 comentarios:

  1. Me gusta la forma en como escribes, Pancho, bastante fluida...escribes para publicar o por escribir???

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  2. Panchiiiitooo... pucha nooo! me encantó muchooo igual un poqito triste pero espero la segunda parte :D
    un abrazooo sr. escritor

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  3. @S.H.G. Muchas gracias por el cumplido. La verdad es que desde un par de años escribo para desahogarme, tanto como para dejar fluir la imaginación y ver qué resulta de ello. Lo interesante es que me parece particularmente entretenido hacerlo. Por cierto, este espacio es relativamente nuevo, así que tengo más escritos que eventualmente publicaré por este medio. Por lo pronto, la parte II de 'Amor De Campo'. Saludos.

    @Ruth ¿Triste? Jajaja ¡pero si todavía no sabes cómo termina el relato! ... La segunda parte vendrá pronto, ¡un abrazo! :)

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  4. aaaah por qué no habrá vuelto al campo en todo ese tiempo la maldita Elisa! espero que sea una buena razón! sino la catalogaré como una mala mujer! XD. .. publica luego la segunda parte! quedé intrigada! xd

    un abrazo Pancho! (=

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  5. Jajaja yo creo que tuvo una buena razón para no ir durante todo ese tiempo, no parece ser una mala mujer.

    Por un asunto obvio de continuidad, publicaré la segunda parte en no más de dos días. ¡Un abrazo Paula!

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