septiembre 27, 2011

Primera Impresión

Es gorda. Frunce demasiado el ceño, se ve fome. Se ríe poco, está despeinada. No hay caso.

La maté, lo sé. Hablo de cualquier persona, no armemos polémica. En este caso particular se trata de una mujer, pero podría ser cualquiera de nosotros. Sucede que las primeras impresiones son así de importantes, querámoslo o no. No es que tengamos que voltear todos nuestros esfuerzos en mejorar nuestra apariencia para caer bien de buenas a primeras, ni que adoremos el credo de la superficialidad, pero no podemos negar tampoco que es la primera puerta que debemos cruzar para entrar en la vida de cualquier persona, y precisamente por eso es importante. Porque nos pueden cerrar aquella puerta en la cara incluso por cómo nos vestimos.

Casi a diario y de manera ininterrumpida “conocemos” gente nueva, ¿pero acaso llegamos realmente a saber con quiénes tratamos? Imagino que pocos podrían refutar la idea de que lo fundamental para poder afirmar que conocemos a alguien, es efectivamente hacerlo en profundidad, averiguar cómo son “por dentro”, entiéndase sus gustos e intereses, sus anhelos, sus sueños, sus conflictos y sus pasiones. Debemos conocer sus virtudes y sus defectos, mas no debemos dejar de apreciar que aquella noble misión sólo se puede concretar si existe el tiempo y la disposición bilateral para hacerlo. Tiempo que escasea en los encuentros fortuitos -como son las noches de jarana y locura inducida- y disposición menguada si nuestra apariencia no despierta interés en alguien más que nosotros mismos.

Equilibrio. Aquella palabra la encontraremos casi siempre que se nos presente una interrogante con vertientes diametralmente opuestas, y pareciera no ser esta la excepción. Ninguna mujer sensata y en sus cabales nos exigirá un cuerpo digno de modelar Calvin Klein’s, ni nosotros, hombres cautos y juiciosos pediremos matrices de Vogue. No se trata tampoco de conformarnos, ni agarrar al vuelo tan sólo lo que puedan nuestros dedos. Apunto a que somos -en general- capaces de ver más allá, y amalgamar en justa medida lo físico y lo abstracto. Después de todo, son pocos los que para el 18 no comieron empanadas.

Me pregunto entonces, ¿dónde fijo la cantidad de fachada que busco, y cómo la mezclo con los atributos internos que espero? Si me excedo en la primera caeré en la insustancialidad, y si lo hago en la segunda no faltará quien me pregunte, curioso, si acaso algo anda mal conmigo. Existirá, supongo, un ‘rango’ de lo personalmente aceptable, dejando abierta y viva la incertidumbre de sus límites. Destaco que es esta aleación la que transmitimos cuando por primera vez nos saludamos, y que debemos cuidar si no tenemos los ánimos ni la fuerza para romper el cerrojo de aquella puerta de entrada a la vida de quien nos interese.

Desde mi experiencia particular comparto. Ya han sido varias personas las que, más temprano que tarde, me han confesado que de buenas a primeras no fui de sus agrados (en un contexto donde las influencias del alcohol quedan fuera, claro está). Y con varias no quiero decir dos, tres o incluso cuatro. Esto deja en evidencia que la primera impresión que suelo plasmar en la gente no es de agrado popular, y las razones que he escuchado redundan en el egocentrismo, y en los tonos autoritarios. ¿Será que necesito más que una primera impresión para que adviertan que son sólo bromas que suelo hacer, y que más tarde podrían terminar compartiéndolas conmigo? Podría suceder también que lisa y llanamente caigo mal, no lo sé, pero eso es materia de cuestionamiento personal, y mentiría si escribiera que jamás me he propuesto mejorar aquella primera impresión que otorgo.

Me declaro acérrimo creyente de que todos deberíamos poner de nuestra parte para lograr transformar nuestra primera impresión en algo agradable, independiente del ambiente en el que nos desenvolvamos. Después de todo, habitamos un colectivo ineludible, y no me parece razonable amargarnos el día a día tan sólo porque existen quienes detestan a las masas, y les importa un bledo y medio lo que los demás piensen de ellos. En palabras optimistas, siempre podremos mejorar aquellos rasgos que despiertan aquel sabor amargo tras nuestros saludos, y veremos todos que no es algo necesariamente difícil de hacer. Esto de vivir en sociedad tiene sus reglas, pero es lo que hay.

Hasta una próxima lectura.


7 comentarios:

  1. jajajaja muy cierto!, la primera impresión aunque es algo importante, debemos tener una segunda o tercera para asegurarnos de que la personalidad que presenta en un comienzo no es la que realmente tiene... como es tu caso XD!

    ResponderEliminar
  2. Me gusto mucho esta publicación, es tan verdad!
    Muchas veces a mi me paso eso, juzgue a muchas personas solo por la primera impresión, pero cuando la conoci realmente ... me cambio totalmente mi mentalidad. Es un buen mensaje! ... porque muccha gente solo por el aspecto físico ... se bloquean a seguir hablandoles o simplemente porque a buenas a primeras no les caen bien.
    Naty

    ResponderEliminar
  3. @Ale Tienes razón, no discuto la importancia de una segunda o una tercera impresión. Es claro que ayudarán a formar la imagen de quien acabamos de conocer de una manera más concreta, el problema ocurre cuando -como dice el escrito- no existe el tiempo para que éstas existan, o la disposición bilateral de que así sea. Ni modo. Un abrazo.

    @Naty Reconozco también haberlo hecho, tanto como sé que lo han hecho conmigo. Desde mi propia experiencia nace el interés por crear este escrito, que por cierto, me alegra que te haya gustado. ¡Muchas gracias por tus palabras, un beso!
    Me alegra que te haya gustado, muchas gracias :)

    ResponderEliminar
  4. La primera impresión importa... pero no es determinante para una futura amistad o relación. A ti te conozco desde hace muy poco! por msn más que nada jaja XD (porque en la u de vez en cuando cruzábamos palabras) y debo decirte que no me puedes caer mejor! (:
    Me gustó bastante tu escrito, ahora a esperar el próximo :P

    ResponderEliminar
  5. Jajaja es verdad, podríamos decir que fue algo que se dio por el paro. ¡Tal vez las primeras impresiones que tuvimos el uno del otro en primer año no fueron lo suficientemente buenas! ... O simplemente éramos muchos, y todavía no era el momento de conversar. Me inclino hacia la segunda opción, aunque estoy de acuerdo: La primera impresión importa. Gracias por tus palabras Paula :)

    ResponderEliminar
  6. Ohh que raro... a mi me caes de lujo!! :D
    Excelente escrito, pasa todos los dias, acompañada a veces del prejuicio ... lo mejor es cuando te das cuenta que tienes en frente un nuevo amigo, al cual agradeces conocer ...:)
    saludos panchulin, ya adivinaste quien soy? laquenodebesernombrada xd

    ResponderEliminar
  7. Jajaja gracias, me alegra saber que eso de caer mal -hasta ahora- no se ha transformado en regla .. Y lo que señalas es muy cierto, es algo que sucede casi a diario, aunque como bien dices .. tiene su lado positivo, que más temprano que tarde llega.

    Por cierto, claro que adiviné quién eras .. Un abrazo, Voldemort xd

    ResponderEliminar