enero 02, 2012

Condenada Pasión

La luz tenue marca una vez más el paso. Dos pequeñas velas disfrazan de romántica la noche, mientas intentan difuminar la humedad del aire que nosotros mismos causamos durante las últimas horas. Estamos cansados, y por fin nos rendimos al colchón sin ganas ni energías para continuar. No sé tus apellidos y poco me han importado hasta ahora. Valoro más que afuera las calles se hayan olvidado incluso de ellas mismas, y que por la ventana se divisen unas cuantas nubes grises, todavía a horas de amanecer.

Enamorarme no me ha traído más alegrías que tristes desenlaces, razón por la cual de buen tiempo a esta parte profeso el amor ocasional. Hablo de aquel amor que viste de traje lábil, se vale de manos curiosas y se alimenta con sudor del compartido. Aquel amor que bien divierte, y jamás decepciona. Aquel amor de miradas furtivas, un guiño y buen perfume. Aquel amor al que nadie debería acostumbrarse, por ser el escape fácil y el miedo a establecerse en el colectivo social del que formamos parte. Hablo de la verdad más mentirosa que conocemos.

Qué trillado es hablar de amor cuando no se ama. Cierro los ojos, respiro la sal que exudan tus pechos nerviosos, y hablo de amor por no saber amar. No es tarea fácil cuando de desamores se puede decir tanto, mas el intento marca precedentes. Tu compañía en ropas de Eva me trae recuerdos de otros días, de otros tiempos. Tiempos de estabilidad y regocijo, de abundancia y júbilo. Si de aquello hoy queda nada, en ti encuentro vestigios de lo que fue.

Bien recuerdo nuestro primer encuentro. Anhelaba que llegara mi turno, mientras esperaba del brazo de alguien más. Tú con él, yo con quién sabe. Los deseos de hacerte mía se hacían cada vez mayores, incluso sin saber de qué ibas por esta vida. Preciosa con tus tacos de aguja, te descubrí mujer tras un vestido de púrpuras flores, y temí por mi vida al advertir que podía ahogarme en la fluidez de tus ojos de exquisito ámbar. Te mordías los labios mientras pensabas qué tan mal hacías al besarme. Tal vez fue la culpa, tal vez la inseguridad, pero algo en ti daba luces que si no te hacían dudar de mis intenciones, al menos te hacían dudar de tus convicciones. No te preocupes, ahora sabemos que no hiciste más que bien, pues las glorias conseguidas se almacenan en el rincón de los trofeos de guerra, aquel rincón tan condicionado por los ánimos y el aspecto. Ahora sabemos que sucedió lo que desde un comienzo estaba escrito.

Lo nuestro de Love Story tiene poco, aunque en este mismo momento engañemos a la costumbre con mi camisa en el sofá, tu vestido por el suelo y unos tragos sin beber. Desde tiempos remotos esta pudo ser la intención de ambos, y en el caso contrario sabrás explicarme tú qué espera quien se deja el corazón en el norte, y vive del dejo de un latido.

Aires majestuosos a nuestra relación le quedan grandes. Diversión por un lado, intriga y adrenalina por el otro, condimentos que no necesariamente se traducirán en reconocimientos clásicos de los tiempos modernos. Quererlos es una cosa, necesitarlos otra. Depender de la estabilidad que puedas proporcionarme, tan sólo aumenta el desquicio y la algarabía mental con la que lucho, y pierdo a diario. No te lamentes, no pueden más tus errores que los míos.

Cuando las nubes grises de hace un rato comienzan a llorar la posibilidad de que se mantenga el estado de inercia, y el amor ocasional siga siendo mi norma y vida, me lamento que nuestros caminos no tracen más que líneas transversales, que de común tienen poco. No quiero pensar que es cierto, pero supongo que a veces no queda más que asumir que probablemente, yo sea el Romeo de otra Julieta.

Hasta una próxima lectura.


2 comentarios:

  1. El primero del año y el mejor de año!
    no quiero mejores que este !!! :D
    Simplemente una obra maestra, tan tuyo como mio :)

    abrazo! muak!

    La que no debe ser nombrada

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  2. ¡Deberías querer todo lo contrario! Cada vez mejores me alegraría más, aunque entiendo tu motivación :)

    No termino de agradecer tus palabras, ni sabes cuánto me alegra que haya sido de tu gusto. Lo digo en serio.

    Un abrazo grande, ámbar.

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