septiembre 12, 2011

Yo Escribo

¡Déjate de escribir huevadas, y usa tu tiempo en algo útil! ¡Estudiar, por ejemplo!

Creo que serían esas las palabras exactas que diría mi madre una vez más, si me volviese a ver traduciendo lo que mi mente compone frente al ordenador, a través del sonido de las teclas. Si este fuese el caso, probablemente me volvería a cuestionar si acaso realmente pierdo mi tiempo escribiendo huevadas, y probablemente también volvería a encontrar la misma respuesta dentro de mí, tras uno o dos suspiros. No, no creo estar malgastando este preciso –y precioso- momento, reflejando el interior frente a una hoja –aunque blanca y de dimensiones conocidas- inexistente en el mundo de lo tangible. El motivo es simple, y es justamente un error garrafal el encontrarlo dentro de los argumentos de mi madre, o de cualquier otra persona que pudiese llegar a pensar algo similar. Hablo de aquella invitación a estudiar, pero no de un estudio cualquiera. No hablo de un estudio netamente académico, que podría desarrollar en base a proteínas, orgánulos celulares, estructuras químicas o drogas de abuso. Apunto a un estudio poco convencional para quienes nos denominamos estudiantes. A un estudio del profundo sentir, a una introspección  sin precedentes. A estudiarse a sí mismo, y como es costumbre para nosotros, rendir prueba de aquello.

Ahora bien, me pregunto perplejo: ¿Existe acaso prueba alguna, que de manera fehaciente e irrefutable, demuestre que este estudio tan particular que hoy defiendo, trae como consecuencia el hecho positivo de un bien, si quiera personal? A priori pareciera que no. Terminadas dos canciones en el reproductor, podría argumentar que el simple hecho de exteriorizar pensamientos, y construir párrafos de ideas, dudas y argumentos ayuda al individuo a desahogarse, tanto frente a todos, como en la soledad de su escritorio. Esto último dependerá de la distribución del escrito, y trasciende del motivo que nos convoca. El lado positivo de esto hecho se explica por sí mismo. Tendríamos entonces un primer motivo para irrumpir entre las letras, presentarnos frente a los versos, e iniciarnos en las estrofas. En fin, integrarnos en los escritos.

Por otro lado, personalmente concibo la idea de que la escritura –y exteriorización sentimental- periódica, mejora en quien la practica tanto lo obvio de la materia (entiéndase redacción, ortografía y puntuación), como el estilo del discurso, o relato hablado. ¿Esto significa entonces que toda esta ‘obsesión’ de serle sincero al ordenador, trata una cuestión de ego? ¿Y si así fuese, sería acaso una calamidad? ¿Acaso no tenemos todos nosotros, individuos sentimentalmente correctos una cuota de ego, que podríamos amplificar satisfaciendo pequeños gustos personales, como lo es en mi caso, una correcta escritura? No me parece inocuo, por cierto, el olvidar mencionar que jamás una correcta escritura llegará a ser mal vista. Ni siquiera en un mensaje de texto escrito por un quinceañero, y esto nos trae como consecuencia un segundo motivo para comenzar a escribir huevadas.

Mi intención no es, por cierto, el convencer a las grandes masas nacionales de que desde el día de hoy -y exclusivamente tras la lectura de estas líneas- deberán comenzar a practicar lo que tal vez, en su momento pudo ser para muchos un sueño que jamás pudieron concretar, o en el extremo opuesto del caso, algo que jamás habían si quiera pensado. Me limitaré a compartir la pasión únicamente con quien se sienta eventualmente aludido. En efecto, bien entiendo que no todos somos el centro de las mismas dichas, penas o glorias, siendo ésta razón suficiente para ser parte de aquella consigna del status quo frente a quien no demuestre interés en lo contrario.

El tiempo del que dispones, la música que estás escuchando, o la situación sentimental que vives y soportas. Son estos tres los argumentos más comunes para comenzar a desenvolverte, tanto como lo son para no hacerlo nunca. Esto nos reduce a la única posibilidad de que la exclusiva fuerza que puede generar un cambio en este estado de inercia mental, sea la voluntad de querer hacerlo. Hoy, yo tengo esa voluntad. Hoy, yo escribo.

Hasta una próxima lectura.


4 comentarios:

  1. claramente no es una pérdida de tiempo.. es un hermoso arte ! y tú tienes todo el talento para lograr algo distinto y con tu propio sello.
    saludos !! (:

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  2. Ojala todos pudieramos disfrutar el don de dejar salir palabras con tanta coherencia....
    por el momento me conformo con leer a aquellos qe pueden hacer lo qe otros quisieramos :D

    Por cierto... todo aquello que hacemos son huevadas, pero va en cada quien hacerla o no una "gran huevada"

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  3. Jajajaja admito que me reí con tu último análisis, y pensándolo un poco no dejas de tener razón. Gracias por las primeras palabras, me cuesta creerme el cuento de que les guste lo que escribo, pero me apasiona hacerlo, y creo que por ahí está lo importante. Saludos, Ruth.

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