septiembre 07, 2011

Días Que No Volverán

¡Mamá, voy a ir a andar en bicicleta con el Ale, volveremos a la hora de almuerzo!

¿Hace cuánto tiempo dije por última vez esa frase? Supongo que han pasado ya tantos años que ni aunque lo intentara podría recordarlo con exactitud. Aquellos días en los que solía divertirme cual niño en parque de diversiones se han ido. La culpa no la tiene un ente en particular, ni tampoco alguna persona que podría yo apuntar, donde figura mi familia, mis amigos, e incluso los completos desconocidos. Si se le pudiera atribuir la culpa a quien fuere responsable de la desaparición de aquellos años, el poncho le caería al tiempo. Un tiempo cruel que a la fuerza me obligó a madurar y a dejar de lado aquellas actividades que  considero hoy, infantiles.

Ubi sunt podríamos leer en palabras de más de algún poeta. Ciertamente no soy uno de ellos, por lo que a mi modo me pregunto, ¿Dónde están aquellos días que hoy sé, no volverán jamás? De aquella pregunta pueden derivar -por lo bajo- otras cien más, pero me parece absurdo analizar en detalle esta reflexión, ya que tras años de dudas, inquietudes y búsqueda, lo más probable es que no encuentre conclusión alguna, y de hacerlo, ésta no sería de gran importancia. ¿De qué me serviría saber dónde se acumulan los días de mi niñez, si es imposible vivirlos una vez más?

Es cierto que la vida es un proceso que para muchos puede resultar largo, mientras que otros lo perciben como breve, mas proceso al fin. Dentro de este trámite que es la vida, se suelen destacar tres etapas por cada persona: sus días como niño, sus años como adulto, y sus siglos como viejo. Si la vida como adulto pareciera ser larga, y digna de durar años, la vejez a muchas personas les suele parecer el doble, ya que todos sus esfuerzos y vivencias les pasan la cuenta, y en la mayoría de los casos esto se traduce como una reducción importante en sus capacidades. Cambia el panorama cuando hablamos de la niñez, de la infancia. Todo es tan puro, tan nuevo y tan llamativo que aquí es donde se educa verdaderamente a una persona. Cierto también es que una etapa tan corta como esta, para un adulto parecieran ser días.

De mi niñez, salvo por su corta duración, no podría quejarme. Cierto es que nací en un buen barrio, de hecho reconocido como uno de los mejores de mi ciudad. No puedo negar tampoco que se me fue dado todo lo que necesité, y muchas veces lo que quise. Cual niño normal, fui enviado a un jardín infantil con la mejor de las intenciones. Mis padres le llamaron “el inicio de mi educación”, mas hoy me es posible denotar que estaban equivocados. El inicio de mi educación había comenzado años antes, desde mi nacimiento y en mi propia casa, mi primera y más importante escuela.

A medida que pasaban los años me daba cuenta que estaba próximo a entrar a una “etapa de transición”, la pseudoadultez llamada adolescencia. Ansiaba con toda mi infantil humanidad que llegara el momento, y hoy es cuando me arrepiento de no haber sido niño cuando aún podía. Hoy es cuando me arrepiento de no haber jugado más juegos de cabro chico con mi hermano. Hoy es cuando me arrepiento de no haber aprovechado el día a día siendo infante. Hoy es cuando me arrepiento de no haber dicho una vez más ¡Mamá, voy a ir a andar en bicicleta con el Ale, volveremos a la hora de almuerzo!

Mis padres no tenían en aquel entonces problemas de carácter económico, por lo que pudieron costearme un buen colegio privado en un barrio tranquilo, seguro y consolidado. En esta institución conocí a quienes fueron, y son hasta el día de hoy mis más grandes amigos. No destacaré mayormente este hecho, ya que hacer y tener amigos lo concibo como algo normal en la vida de un niño.

El colegio tras ser novedad, se convirtió en rutina, y desarrollé la reacción normal frente a la rutina: hastío. Dentro de esta etapa denominada infancia, era una reacción de esperarse. Considerando el contexto sociocultural en el cual me desenvolvía día a día, era apostar a una moneda de doble cara.  “Pobre niño rico” se podría escuchar en algunas poblaciones de mi gran ciudad, aludiendo a que pan y frazadas tenía a diario; a que a una educación privilegiada tenía acceso; a que poseía una familia unida  y a que incluso podía costearme ciertos lujos, sin ser necesariamente rico. Si bien quien alguna vez pudo haber pronunciado aquella frase no se equivocaba (salvo por lo de rico), lo más posible es que careciera de ciertos conocimientos sobre los niños de mi estrato social. Aquella persona probablemente no sabía que un niño como yo podía pensar bastante parecido a un niño como los que él o ella conocía, y que probablemente compartíamos sentimientos comunes, como por ejemplo el rechazo a la institucionalidad escolar. Aquella persona quizás dudaba del color de mi sangre. Aquella persona no sabía que yo no tenía mayor conciencia sobre el acantilado que nos separaba.

No es el momento de negar de donde vengo, de lo que tuve o lo que tengo. Es el momento de aceptar que los días inocentes de la infancia humana, para mí han acabado. Hoy es cuando me encuentro en la segunda de las etapas de la vida normal de una persona, y tengo la oportunidad de recordar aquellos días que tantos añoran. Hoy es cuando me doy cuenta que de lo que fui, queda bastante poco. Todo tipo de cambios se llevan a cabo en la pseudoadultez, desde apreciaciones personales, características físicas y psicológicas hasta de gustos varios, que sin darnos cuenta, día a día forjarían nuestro presente.

No resta más que aceptarlo. Lo vivido es pasado, haya sido bueno o todo lo contrario, y no se puede más que recordar aquellas fechas. Viéndole el lado positivo, durante mi infancia tuve una familia bastante unida y nací en un barrio que me supo adoptar de buena forma. Me crié junto a una fracción privilegiada de la sociedad de aquel entonces, y fui educado para ser lo que más de alguno calificaría como un hombre culto. Día a día me educo más, y la verdad dudo que algún día deje de hacerlo. Si bien de lo que fui hoy queda poco, no es tema para desesperarse. Es sólo otro más de los innumerables  procesos que la vida nos obliga a adoptar, ya sea para bien o para mal.

Muchas cosas han cambiado desde la creación de los primeros seres vivos hasta hoy, pero algo que nunca lo ha hecho, y que aseguro, por los siguientes siglos tampoco lo hará, es el saber que los acontecimientos pasados pertenecen ya a otra realidad, a  un mundo donde se retiene lo que  nosotros ya hemos vivido. Todos esos sucesos, todos esos acontecimientos pertenecen hoy al mundo de los días que no volverán.

Hasta una próxima lectura.


9 comentarios:

  1. Muy cierto... cuando niños sólo pensamos en crecer y tener esos "privilegios" de grandes.. pero al ser adultos nos damos cuenta que desperdiciamos mucho tiempo cuando niños :/
    Recordé lo que nos comentaste un día en la biblio de la facu cuando estudiábamos analítica xD... "los niños encuentran 150 usos para un clip" nosotros cuántos?? :/ ...

    ResponderEliminar
  2. A nuestra edad encontramos aproximadamente 40 usos para el clip. Oficinistas que superan los 40 años, encontrarán sólo 12.
    Exactamente Ale, ese apuro infantil que tenemos por crecer no hace más que amargarnos la vida antes de tiempo y de manera innecesaria. Todos podemos mantener vivo nuestro 'niño interior', pero también todos sabemos que jamás será lo mismo.
    ¡Gracias por la lectura y el comentario!

    ResponderEliminar
  3. Respecto al tema del clip... sin equivocarme no encontramos más de 20 usos xD
    Bueno, de todo lo que he leído de ti siempre fue éste el que más me gustó y creo que te lo hice saber. Por mucho que tengamos vivo nuestro niño interior, es claro que nunca será lo mismo... pero hey! siempre podemos intentarlo no? :)

    ResponderEliminar
  4. Creo identificarme casi plenamente a no ser por lo del colegio privado y lo de jardin... jaja

    Hace un par de años que pienso que desperdicie mucho tiempo de niña, los dias parecian mas largos, los capitulos de dibujos animados parecian durar horas, los veranos eran interminables, siempre tuve mucho tiempo y tal vez no supe aprovecharlo bien, pero ya fue ya.
    Mis papás me dijieron muchas veces que me iba a arrepentir de crecer y tenian TODA la razon... pero era obviamente ya muy tarde para hacer algo al respecto.
    Ahora vivo tratando de mantener esos recuerdos cerca y trato d repetir algun juego o algo que me mantenga unida a esa hermosa etapa.

    Francisco, te agradezco este espacio infinitamente! :)

    ResponderEliminar
  5. @Patty Siempre podremos intentar mantener ese 'ñiño interior' vivo, el problema es que chocará con las responsabilidades de nuestra vida adulta. ¡Qué va, c'est la vie!

    @Massi ¡Cuánta razón, mujer! Me sorprendió mucho saber que los capítulos de mis caricaturas favoritas duraban entre 7 y 10 minutos. Y venir a enterarme por Youtube, quién lo diría ... En fin, realmente me encantó tu comentario, y me consuela saber que no soy el único que siente mucho haber dejado aquel pasado atrás, sin haberlo disfrutado como correspondía. Leíste ya mi visión, no es momento de arrepentirse ni de lamentarse, sino de aceptar que aquella preciosa primera etapa de nuestras vidas terminó, y con sus recuerdos enfrentar de lleno la segunda (:

    Gracias por sus palabras, a ambas.

    ResponderEliminar
  6. la niñez... creo que es parte de ella pensar en "quiero ser grande" y cuando ves que ya lo eres piensas " quiero ser chico". Pensar que cuando niño tu mayor preocupación era jugar y, por lo menos en mi caso, no tenía problemas ni nada en que preocuparme. Estudiar era un juego, hacer tareas, ayudar a mi mamá, cocinar, todo es un juego y algo nuevo que se realiza con alegría. Ahora, creo que uno mismo se inventa problemas y siempre anda preocupado, amargado o estresado por diferentes cosas, dejando un poco de lado es disfrutar todo como si fuera nuevo y vivirlo como si fuera un juego, al igual que los niños...

    ResponderEliminar
  7. que rico era ser niño, y que afortunados somos los que tuvimos una infancia feliz... saludos hombre! me gustó como quedó (:

    ResponderEliminar
  8. Panchito, sin duda la infancia es algo lindo, se puede ser feliz con poco, y cualquier cosa te hace una persona plena, y aunque definitivamente aquellos lindos días no van a volver, tampoco podemos negar que esos días "viven" en quien somos hoy :D

    bss

    ResponderEliminar
  9. @Javiera Pareciera que muchas cosas de las que haces, todavía las tomaras como un juego. Es algo muy bueno, y a veces difícil de encontrar en las personas. No lo pierdas nunca, que como bien dices, necesitamos dejar de lado la amargura y el estrés que nos provocó el crecer.

    @Ruth Interesante postura. Que aquellos días vivan todavía en nosotros, se contrapone de frente con la creencia de que éstos se acumulen en algún rincón del pasado. Forjan lo que somos, sin duda. El resto es materia incierta.

    Javiera, Paula y Ruth, gracias por sus palabras (:

    ResponderEliminar