septiembre 23, 2011

Descuidada Amistad

Me levanto temprano, pero sin apuros. Me ducho sólo por costumbre, es parte de la rutina diaria. Después de todo, a nadie le importaría que fuese desaseado a trabajar, y si llegase a suceder, entonces sería a mí a quien no le importaría. Hace años descuidé mi imagen, y no tengo ningún interés en remendarla. Subí de peso considerablemente, todo por culpa del alcohol y los pasteles. No malgasto mi dinero en artículos de cuidado, o aseo personal. Eso es para los siúticos. El mío lo ahorro, para mi próximo problema de salud. Café, huevos y tocino. El desayuno que acostumbro disfrutar antes de irme a la oficina. Por suerte no tengo que saludar a nadie durante el trayecto, y converso en el trabajo solamente sobre temas directamente relacionados con la pega. No miro la hora. No tengo compromisos con nadie, ni trámites en lista de espera. Sé que es hora de irme cuando se pone el sol tras la ventana, y agradezco que después de cuatro años consecutivos, esta vez no me hayan invitado al cumpleaños de Manuel, contador de la empresa y amigo de todos. Bueno, de casi todos. Llego a mi departamento sin afanes de  enterarme de las desgracias nacionales a través de las noticias, y me acuesto sin esperar el día de mañana. No tengo apuros, llegará tarde o temprano.

¿Por qué habría de cuidar mi apariencia? Este mundo está podrido, es demasiado superficial. ¿Qué cuide mi salud? ¿Para qué? Después de todo voy a morir en algún momento. ¿Preocuparme por no tener novia? Tengo un trabajo estable, y con buena remuneración. Compro lo que quiero, y no me dejo dominar por los calendarios, ni las normas de una mujer. Además se gastaría todo mi dinero, eso es seguro. De hijos, ni hablar.

Tengo una vida tranquila, aunque siendo sincero, noto que algo le falta. No estoy seguro de lo que es, pero sé bien con qué se relaciona. Me hubiese gustado tener un hombro sobre el cual llorar cuando fallecieron mis padres, en lugar de haberlo lamentado solo en mi sillón, sin contarle a nadie y aguantando las lágrimas. Quizá hubiese sido agradable haber celebrado mi ascenso a la gerencia comercial de la empresa con alguien, en lugar de haber pasado aquella tarde y noche pensando en lo abultada que se volvería mi billetera a partir de ese día. Tal vez sería agradable compartir las tardes con un compañero -o un amigo que le llaman- tomándonos un café y discutiendo nuestras hazañas amorosas, no lo sé. Nunca he tenido el valor de invitar a alguien a vivir algo siquiera parecido. Me han invitado, sí, pero desconfío de las intenciones de quienes lo han hecho. ¿Me invitarán porque quieren algo de mí? ¿Querrán sacarme información? Tal vez quieren robarme, o algo incluso peor. Tal vez quieren borrarme del mapa. Ante la duda, me abstengo y opto por mentir. La excusa siempre es la misma. Planes impostergables, y que no se molesten en insistir. El vació sigue ahí, pero sigo trabajando. Soy un convencido de que para eso vine a este mundo.

La verdad, no siempre sentí aquella carencia. Alguna vez tuve un amigo, o eso creí. Su nombre era Víctor. Era alto y torpe, pero me daba la impresión de que era un hombre sincero. Éramos adolescentes en ese entonces, y recuerdo que conversábamos mucho. Incluso iba a su casa a jugar con sus videojuegos, y nos pasábamos muy buenos ratos junto a otros amigos suyos. Un día simplemente dejamos de vernos. Rememorando, reparo que coincidió con mi ingreso a la Universidad, y durante los primeros dos años me excusé de verlo, siempre bajo compromisos académicos. Después dejó de llamar, y seguí con mi vida. Noté que algo andaba mal cuando recibí mi título profesional. Advertí que mis compañeros habían invitado a sus familiares y amigos a la ceremonia, y yo no tenía a nadie.


Siempre he sido un hombre tímido. Me cuesta relacionarme con otras personas, y cuando me dan en bandeja la oportunidad de hacerlo, declino. ¡Es que no confío en los humanos! Sé bien cuánta maldad hay en el mundo, y no quiero exponerme a ser una víctima más de un sufrimiento que puedo evitar. Sólo una persona en mi vida se mostró preocupada cuando me alejé de todo círculo social, y ya es tarde para recuperarla. Será que no soy bueno disculpándome…

Este vacío hiela mi alma a diario. Mi única diversión es -y sólo de manera esporádica- el televisor, donde por suerte no tengo que agregar contactos para que funcione, algo tan típico de las redes sociales actuales. Estoy harto de suprimir mis pasiones por no tener con quién compartirlas. Estoy harto de la rutina, de la mierda de vida que construí con mis propias manos. Estoy harto de no tener amigos, y no hacer nada para cambiarlo. Estoy harto de vivir en sociedad, sin ser parte de ella.

Esta no es mi historia, pero podría haberlo sido si no los hubiese conocido. Con mucho cariño, para todos mis amigos.

Hasta una próxima lectura.


9 comentarios:

  1. Vida sin amigos no es vida. Tan simple como eso.

    Me gustó la lectura, realmente lograste retratar lo que es vivir en sociedad sin ser parte de ella, como un autómata incapaz de hacer algo realmente valioso. Muy triste, pero muy ilustrativo. Gracias por recordarnos que debemos apreciar la amistad, que a veces se nos olvida a todos.

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  2. :o este texto es el que más me ha gustado de todos amigo :)! es como tu alter ego!... casi 100% contrario a ti xD.. casi, porque jamas te ha importado mucho tu apariencia, pensando en el peso...
    aaaaaaaaaaah tu sabes que te quiero mucho :) y te molesto harto! pero porque te quiero! no lo olvides jijijiji..
    besotes :D!

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  3. es perfecto!, lo que describes le suele suceder a mucha gente... es triste pero no alejado de la realidad que vivimos. Me alegro que para ti no será así. Saludos y un abrazo (:

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  4. @Rodolfo Muchas gracias por tus palabras, me conmueve que te hayas dado unos minutos para pasar por este sitio de humildes escritos. Más de acuerdo con tus palabras no podría estar, y me gustó particularmente tu manera de comparar al protagonista de la historia con un autómata que de útil tiene poco. Un abrazo.

    @Ale Jajajaja algo de humor no viene mal, supongo. Me alegra que te haya gustado el escrito. También va para ti, un beso.

    @Paula Me emociona el adjetivo, muchas gracias. Verás más temprano que tarde que aquella realidad de la que hablas, la forjamos nosotros mismos, día a día. Un abrazo grande (:

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  5. Puchaa se borró lo que había escrito! en fin...

    Me gustó bastante fijate... Triste, pero muy real. Una lástima que existan personas con historias muy similares a esta sólo porque no saben apreciar a una persona =/. Me asumiré dentro del grupo de tus amigos! ajaja... Aaaww y tu eres uno de los míos y te quiero mucho ^^ y lo sabes! un abrazoo y besitos desde el campo (?) =)

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  6. buenisimo, como siempre... creo que tienes razon, muchas veces no valoramos a las personas que nos rodean y que nos hacen bien y cooperan en algun grado en nuestra forma de ser. Esos son los amigos, que a veces olvidamos y asumimos que estaran siempre ahi, sin darnos cuenta que tambien nos necesitan a nosotros. Y eso.. ajajaj...

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  7. @Patty Estoy de acuerdo, es una situación triste que lamentablemente existe. Qué bueno que te haya gustado, me alegra (: ... Y claro que estás dentro de aquel grupo, un beso!

    @Massy Qué importante tu aporte. Me gustó eso de asumir que nuestros amigos siempre estarán para nosotros, olvidando que ellos también podrían solicitar nuestra presencia y ayuda de vez en cuando. Es cierto, muy cierto.
    Gracias por los elogios, y tus palabras Massy :)

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  8. :o Panchooo de vdd como que me emocionó un poqitooo (pero conste qe solo poqito XD) el final.

    Está buenisimo en general, un poco a veces me siento o sentí así y debo también darte las gracias a ti por ser parte de esa puerta de escape :D
    un abrazote

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  9. Qué bueno saber que tuvo un final emotivo, es precisamente lo que quería transmitir.
    Gracias por los halagos, Ruth. Un abrazo de vuelta :)

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